Inicio emocionante y final doloroso

Hoy, amiga del alma, es 16 de noviembre de 2024 y llevamos ya ocho largos años sin el disfrute de tu maravillosa presencia. La nefasta noticia nos sorprendió en aquel mes de marzo de 2014. Un diagnóstico que nos hizo llorar y nos dejó paralizados. Querida Lola, tu entereza y tu optimismo quitaban hierro a ese dolor que nos atenaza ante el panorama incierto y la gravedad de tu salud, que inmisericorde anunciaba tu dolorosísima pérdida. Tú, queridísima Lola, pronto no podrías seguir disfrutando de tus amados hijos, tu querida familia y todas nosotras, tus leales amigas, que tanto te queríamos y te seguimos queriendo. Fueron sólo dos años y ocho meses los que el maldito cáncer te dio de tregua, un espacio de tiempo muy corto, dos años y ocho meses se pasaron volando, igual que todo el tiempo anterior que vivimos como dos auténticas hermanas. Nos conocimos en 1996, cuando tú viniste al Centro en el que yo llevaba poco tiempo y nos hicimos muy amigas desde el minuto cero. Nos despedimos el quince de noviembre de 2016, cuando ya sólo nos quedaba la certeza y el orgullo de haber podido vivir juntas una historia de amistad auténtica, que nos había engrandecido mutuamente.
Veinte años de genuina amistad
Durante los veinte años que nos regaló la vida de amistad, puedo decirte que me diste muchísimo, no sólo cariño, que ese fue auténtico siempre, también recibí generosidad, alegría, complicidad y todo lo mejor que puede esperar un ser humano de otro. Eras una mujer auténtica y adorable, me enseñaste muchas cosas y me guiaste en mis dudas, siempre estabas dispuesta a escuchar y a aportar. Tu buena compañía siempre me nutrió y me hizo mejor persona. Fuiste para mí una verdadera hermana. En una ocasión leí que la palabra compañía proviene del latín cumpanis y que significaba “compartir el pan”, y esto es lo que nosotras hicimos, compartimos el pan, la tristeza, los logros, los fracasos y nos sentimos orgullosas compartiendo nuestro día a día genuinamente. También leí que uno de nuestros deseos más hondos, como seres humanos, es ser aceptados y convidados, hacer buenas migas con quienes nos rodean, que necesitamos confiar en otros, y que otros confíen en nosotros. Justamente es esto lo que nosotras habíamos construído juntas y tu muerte, el 16 de noviembre de 2016, nos lo arrebató dolorosamente y me quedé huérfana de tu maravillosa amistad. Por supuesto, y más importante, es que dejaste huérfanos a tus hijos, a tu nietecita Claudia y a tus futuros nietos que desgraciadamente no llegaste a conocer. Somos muchas personas las que te queremos, querida Lola, pues tu admirable forma de ser y de relacionarte con nosotros, nos hacía sentir muy bien en tu presencia. Te adoramos, querida Lola. La vida fue muy dura contigo y todos lloramos y seguimos llorando tu muerte. Cada día te recuerdo, te sigo queriendo y añorando, pues he de decirte, querida Lola, que llevo cosidos en mi corazón muchos de tus pedacitos. Eres y siempre serás parte de mi historia, en la que tú te colaste con tantos de tus maravillosos retazos. Te quiero.



Deja un comentario